En el marco del seminario “La educación católica en Chile hoy: desafíos para una tradición viva”, realizado en el Teatro del Colegio San Ignacio El Bosque, Mons. Fernando Chomalí, Arzobispo de Santiago, ofreció una de las reflexiones más profundas y desafiantes de la jornada, poniendo en el centro una preocupación urgente: la falta de horizonte en las nuevas generaciones.
El encuentro, organizado con motivo de los 170 años del Colegio San Ignacio Alonso Ovalle y los 70 años del Colegio San Ignacio El Bosque, reunió a educadores, directivos y representantes del mundo escolar, quienes reflexionaron en torno a los desafíos actuales de la educación católica en Chile.
Una alerta sobre la sociedad actual
Durante su intervención, Mons. Chomalí planteó una mirada crítica sobre el contexto cultural actual, señalando que “tenemos jóvenes sin sueños”, en una sociedad donde la incertidumbre y la violencia parecen instalarse como respuestas frente a los conflictos.
Asimismo, advirtió sobre una paradoja inquietante: espacios históricamente considerados seguros —como los colegios o los centros de salud— hoy enfrentan mayores niveles de inseguridad. A ello sumó una reflexión sobre la pérdida de confianza en ámbitos fundamentales como la familia y el cuidado de los más vulnerables.
El rol insustituible de la educación
Frente a este escenario, el Arzobispo destacó el aporte histórico de la educación católica en la formación de líderes que han contribuido significativamente a la cultura, la política y la sociedad, afirmando que “esta ciudad sería distinta sin la obra educativa ignaciana”.
Como camino a seguir, invitó a volver a lo esencial: fomentar la lectura, promover la vida espiritual y formar personas capaces de reflexionar en profundidad. En sus palabras, la lectura no solo amplía el conocimiento, sino que también abre preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida.
Del mismo modo, hizo un llamado a asumir un rol más activo y consciente en la sociedad, impulsando una formación que integre lucidez, compromiso y responsabilidad.
Educación católica hoy: identidad, diálogo e integración
Uno de los momentos centrales del seminario fue el conversatorio sobre los desafíos actuales de la educación católica, en el que participaron Isabel Larraín (SEDUC), Magdalena Aninat (CEAS) y Juan Cristóbal García-Huidobro SJ.
Desde distintas miradas, los panelistas coincidieron en la necesidad de avanzar hacia una educación más dialogante, capaz de sostener su identidad en contextos culturales cambiantes. En ese sentido, se planteó como desafío superar una visión fragmentada de lo católico —muchas veces reducida a la pastoral o a la asignatura de religión— para avanzar hacia una integración real en toda la experiencia educativa.
Asimismo, se destacó que el centro de la tarea educativa es el estudiante, comprendiendo la formación como un proceso de encuentro: con el conocimiento, con los otros y, en último término, con Dios. En esta línea, se subrayó el rol clave de los educadores como mediadores de experiencias significativas.
El panel también abordó tensiones relevantes del sistema educativo chileno, como la segregación y las brechas territoriales, destacando la importancia de generar mayores espacios de encuentro que enriquezcan la experiencia formativa.
Desafíos para una tradición viva
El seminario permitió visibilizar diversas transformaciones que hoy interpelan a la educación católica: procesos de secularización, cambios en la estructura familiar, aumento de necesidades educativas diversas y un contexto cultural en permanente cambio.
Frente a este escenario, el llamado transversal fue a renovar la propuesta educativa sin perder su identidad, proyectando una tradición viva al servicio del país.
Un envío desde la esperanza
La jornada concluyó con un mensaje del Provincial de la Compañía de Jesús en Chile, Juan Cristóbal Beytía SJ, quien invitó a las comunidades educativas a volver a lo esencial del Evangelio: escuchar antes de responder, comprender antes de enseñar y acompañar antes de corregir.
En una sociedad marcada por la fragmentación, subrayó la urgencia de construir escuelas que sean verdaderas comunidades, capaces de formar integralmente a las personas y de servir al bien común con esperanza y sentido.
“Que nos arda el corazón para educar mejor” fue la invitación final que marcó el cierre del encuentro.